Terremotos en Venezuela exhiben el costo de olvidar la prevención sísmica

2026-07-21 12:29:29 - MUNDO

Los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que devastaron el norte de Venezuela, con un saldo oficial de 5,119 fallecidos y 190 edificios colapsados, reactivaron el debate sobre el riesgo sísmico, la resiliencia urbana y la capacidad de las ciudades para enfrentar fenómenos de gran magnitud.

Para especialistas mexicanos, la principal lección no radica únicamente en la fuerza del movimiento telúrico. El desafío consiste en impedir que el paso del tiempo diluya la cultura de la prevención, el mantenimiento de las edificaciones y la preparación institucional para responder a una emergencia.

Después de casi seis décadas sin un terremoto de gran impacto, Venezuela enfrentó un escenario que, de acuerdo con Juan Manuel Fuentes García, presidente de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica (SMIS), era previsible.

"Había ya un pronóstico, llamado periodo de retorno de 60 años, que casi se cumplió. (...) El sismo ocurrido nos deja una lección de olvido, porque a pesar de que ya estaban estos pronósticos y de saberse una zona de alta sismicidad, se avanzó sin estrategias para mitigar riesgos", comentó en entrevista.

México ha fortalecido su marco regulatorio tras los terremotos de 1985 y 2017; sin embargo, todavía enfrenta importantes desafíos para reducir su vulnerabilidad.

Fuentes García explicó que el Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México se mantiene actualizado. No obstante, se estima que 98% de los edificios existentes fueron construidos bajo criterios anteriores, por lo que no cumplen con las disposiciones vigentes.

La condición del parque inmobiliario adquiere especial relevancia, ya que la antigüedad de las edificaciones y su capacidad de resiliencia inciden directamente en el comportamiento estructural durante un terremoto.

El especialista atribuyó el elevado número de inmuebles dañados en Venezuela a la combinación de varios factores: dos terremotos consecutivos, un origen superficial, la antigüedad de las construcciones y la falta de mantenimiento. En las zonas costeras, añadió, la corrosión del acero debilitó numerosas estructuras.

Frente a este panorama, consideró indispensable fortalecer las políticas públicas de mitigación del riesgo, mejorar la planeación urbana e identificar de forma anticipada las zonas y edificaciones con mayor vulnerabilidad.

"Esto nos lleva a cuestionar lo que implicaría para la Ciudad de México en capacidad financiera y operativa, afrontar otro evento similar. Hacen falta más políticas públicas para mitigar riesgo y aumentar la resiliencia en la sociedad, es una tarea que nos debe todavía el gobierno", remarcó el experto.

Uno de los principales retos que enfrentó Venezuela durante las horas posteriores a los terremotos fue la coordinación entre autoridades, cuerpos de rescate y sociedad para atender a las personas atrapadas entre los escombros.

Teresa Jessie Cervantes Quiroz, integrante del Comité de Seguridad Estructural y consejera del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), destacó que contar con protocolos de actuación previamente establecidos resulta fundamental para responder con rapidez y eficacia ante este tipo de desastres.

"La principal lección que podemos compartir entre países como Venezuela y México es que los protocolos de actuación post sísmica salvan vidas. Estar preparados ante la emergencia y responder de una manera organizada para cuando se necesita es clave", afirmó.

La experiencia acumulada tras los sismos de 1985 y 2017 permitió que México desarrollara herramientas que hoy fortalecen su capacidad de respuesta. Entre ellas figura el protocolo de actuación sísmica del CICM, mediante el cual ingenieros especializados realizan inspecciones en inmuebles afectados para evaluar su seguridad estructural.

Para los expertos, la experiencia venezolana vuelve a colocar sobre la mesa una advertencia para América Latina: la fortaleza de una ciudad depende de mantener una cultura permanente de prevención, actualizar el conocimiento técnico y reducir la vulnerabilidad de las edificaciones antes de que ocurra el siguiente gran sismo.

"La resiliencia no se construye después de la emergencia, es un trabajo de todos los días, con la mejora de normas, capacitación continua de los ingenieros, educación, cultura de prevención y trabajo de coordinación entre autoridades, colegios y sociedad en general", concluyó Cervantes.