Cada vez que el Indec publica el índice de inflación mensual, el debate reaparece con la misma intensidad: ¿por qué la suba de precios no baja más rápido pese al superávit fiscal y al freno de la emisión monetaria?
Desde mediados de 2025, la inflación se mantiene más cerca del 3% mensual que del 2%, una cifra que para el presidente Javier Milei debería converger a niveles considerablemente más bajos si la explicación fuera exclusivamente monetaria.
El equipo económico sostiene que la dinámica actual responde, en buena medida, a la recomposición de precios relativos, especialmente en servicios regulados que habían quedado retrasados durante la gestión de Alberto Fernández. En ese período, con una inflación acumulada superior al 900%, los precios regulados quedaron muy por debajo del promedio general, mientras que los bienes —en particular alimentos— mostraron incrementos muy superiores 
El debate por el índice y la nueva canasta
La decisión oficial de postergar la implementación del nuevo índice basado en la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo 2017/18) volvió a encender cuestionamientos. El cambio metodológico —anunciado en 2025 por el entonces titular del Indec, Marco Lavagna— implicaba mayor ponderación de servicios y menor peso de alimentos.
Sin embargo, diversas consultoras coincidieron en que el impacto estadístico hubiera sido marginal: la inflación de enero habría sido prácticamente la misma con la nueva canasta. La diferencia técnica no modificaba la tendencia.
El trasfondo del debate es más estructural: cuánto de la inflación actual responde a factores monetarios y cuánto a ajustes de precios regulados y distorsiones acumuladas. 
Precios relativos: qué se corrigió y qué falta
Si se toma como referencia la base de diciembre de 2016, la brecha histórica entre bienes y servicios prácticamente se cerró. A enero de 2026, ambos agregados muestran variaciones similares respecto del nivel general acumulado.
No obstante, persisten diferencias hacia adentro del índice:
Restaurantes y hoteles, salud y transporte muestran subas superiores al promedio.
Prendas de vestir, recreación y algunos bienes durables siguen rezagados.
El mayor ajuste reciente se concentró en los regulados, especialmente vivienda y servicios públicos, que avanzaron por encima del promedio desde el cambio de gobierno. 
Del atraso tarifario a la recomposición
Entre noviembre de 2023 y enero de 2026, los servicios públicos y privados avanzaron muy por encima del promedio general, mientras que el conjunto de bienes quedó por debajo.
La estrategia oficial apunta a completar la corrección de esos desfases heredados, con especial foco en comunicaciones, vivienda y algunos servicios esenciales.
¿Por qué no baja más rápido la inflación?
La pregunta central es por qué, con superávit fiscal y sin asistencia del Banco Central al Tesoro, la inflación no converge más rápido. 
Economistas señalan tres factores:
Inercia inflacionaria acumulada tras décadas de alta nominalidad.
Recomposición de precios regulados, que impacta directamente en el índice.
Cambios en la demanda de dinero, que no reaccionan de inmediato ante un nuevo régimen fiscal y monetario.
Un ejemplo técnico ayuda a entender la dinámica: si un componente que representa el 10% del gasto de los hogares aumenta 30% en un mes y el resto permanece estable, el IPC reflejará una suba cercana al 3%, aun cuando la mayoría de los precios no haya variado.
Esa mecánica explica por qué el índice puede mantenerse elevado incluso en un contexto de disciplina fiscal estricta. 
Los tiempos de la estabilización
La experiencia internacional muestra que los procesos de estabilización profunda, en economías con fuerte intervención estatal previa, pueden demorar varios años en mostrar resultados plenos. Los efectos monetarios suelen verse entre 18 y 24 meses, mientras que la convergencia estructural puede extenderse mucho más.
En el caso argentino, la transición combina desregulación, apertura y ajuste tarifario. El desafío político es sostener la disciplina fiscal mientras la inflación no termina de ceder al ritmo que el oficialismo proyectaba.
Para el Gobierno, el sendero está trazado: equilibrio fiscal, menor intervención y recomposición de precios relativos. Para el mercado, la incógnita es cuánto tiempo demandará que ese esquema logre perforar definitivamente el piso del 3% mensual y consolidar un proceso de desinflación sostenible.